Ayer tuve la oportunidad de estar en una fiesta de cumpleaños de un niño que acababa de cumplir 4 años...tiempo que no iba a alguna así (claro, a mi edad es difícil invitarme a una, a menos que tenga un hijo o hija). Podría ser una fiesta más, pero era demasiado especial para mí: el cumpleaños de mi primer ahijado.
¿Cómo olvidar el momento en el cual me comunicaron la noticia? una tarde cualquiera sanisidrina, comiendo en una cebichería con uno de mis mejores amigos (y ahora compadre), llegando un cierto momento que entre gaseosa y gaseosa me dice "queremos que seas el padrino de..."...y ya me verían a mí, que no cabía en la emoción y sólo atiné a decir: "¡gracias!".
Y ya de eso pasaron más de 4 años, compartir esta noticia hizo que vinieran muchas más: el shower, el nacimiento (gracias a mi jefe ese día pude estar presente en la clínica), el bautizo, el primer cumpleaños (y los otros)...si me pongo a pensar, cuántos recuerdos (y fotos dicho sea de paso).
¿Qué puedo concluir? Que la vida es maravillosa cuando la sabes compartir. Que te brinda oportunidades para sonreir hasta de los momentos más simples y cotidianos. Y de lo feliz que se puede hacer feliz a un niño al cumplirle su fantasía: el héroe favorito, la canción favorita, compartir un tiempo de la vida con aquel ser que está ávido de aprender todo lo que una persona mayor pueda enseñarle. Por eso, a aquellos que son padres los envidio (sanamente) y diría: ¡nunca se pierdan de aquellos momentos con sus hijos! aunque actualmente la vida es un trajinar sin descanso, siempre debemos estar con ellos un momento (y no sólo para reprocharles algo), y qué mejor aún si les podemos enseñar algo bueno: sus primeras enseñanzas para sobrevivir en este mundo agobiante, ¿no lo creen?
Hasta otra oportunidad.
Rick.
domingo, 29 de abril de 2007
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